quehacer #0
Narcomenudeo, narcotráfico y violencia en los barrios rosarinos
La primer entrega de dos en la ciudad la iba a dedicar a hacer un balance sobre los mandatos de Javkin en la gestión municipal: el cumplido y el que recién comienza. Pero los hechos de público conocimiento que conmueven e intranquilizan las calles de Rosario obligaron a recalcular y escribir un número 0 del boletín. La magnitud de lo sucedido lo podemos medir con el impacto institucional y comunitario que obligó al Intendente Javkin a suspender la inauguración de las sesiones ordinarias del Concejo Municipal (falta confirmar si este jueves finalmente la hará), la postergación de la movilización del 8M para el próximo sábado y la decisión del Padre Ignacio de llevar al terreno virtual el vía crucis de semana santa. Botones de muestra.
Nuestra urbe vive hace décadas un déficit grave en materia de seguridad pública, pero también en relación a todo el sistema de transporte y a la problemática habitacional. Cada tanto tiempo, escalan los conflictos y se generan crisis, donde todo lo que sucede parece calcado. Cambian los actores, las víctimas y algún que otro detalle, pero el ciclo es el mismo. Hace unas semanas pasó con el transporte urbano de pasajeros. Ahora nuevamente con la violencia ligada al narcomenudeo y las bandas delictivas que pelean por el territorio. Repito, el ciclo es el mismo: anuncios grandilocuentes, saturación de los barrios “picantes”, pasan los días y si te he visto no me acuerdo Rosario.
Si el asesinato de Lorenzo “Jimi” Altamirano no fue un punto de inflexión, por ser el primero de alguien ajeno para transmitir un mensaje, por qué nos vamos a ilusionar que algo cambie con las cuatro vidas que se lleva el actual repunte beligerante.
Hablamos de los taxistas Héctor Figueroa y Diego Celentano, del colectivero Marcos Daiola y el playero Bruno Bussanich.
Cuesta creer que el fondo de la discusión es por las condiciones de detención de algunos presos o en reacción a una desafortunada publicación en redes sociales. En Off the record, Iván Schargrodsky, asegura que:
¿Toda la violencia que sufrimos es producto de la venta droga? No, hace años que la ruptura del ordenamiento territorial que se había logrado entre los Cantero y Luis Medina dispensa violencia en las calles por peleas de segundas y terceras líneas y que no solamente luchan por regentear bunkers y abastecer deliverys sino también otros delitos conexos como las barras de los clubes de fútbol, servicios de protección clandestinos, apuestas ilegales, etc. Sin jerarquías ni mandos, se multiplican los conflictos pero sobretodo no hay interlocutores válidos para sentar a una mesa.
En sus apariciones mediáticas, el Gobernador Pullaro y su Ministro de Seguridad, Cococcioni, rechazaron de plano la posibilidad de dar marcha atrás y pactar, palabras que trascienden la discusión sobre las condiciones de detención o la foto en redes de un funcionario. No hay con quién. Nadie puede garantizar que todos se queden en el molde. Ni los sectores de las fuerzas de seguridad que actúan en connivencia con los narcos, tampoco la policía como institución, con la que el oficialismo provincial hace buenas migas. Por eso las opciones no se reducen a pacto sí o pacto no. En casos como los de los últimos asesinato hasta poco se podría hacer con buena inteligencia criminal. Hay que tener conocimiento de la calle, control del territorio y funcionarios con capacidad de negociar los márgenes de conflictividad.
¿Se consume en Rosario más droga que en otros lugares del país? No hay indicios de eso más allá del evidente deterioro en la salud mental y el aumento de los consumos problemáticos que vemos en la sociedad, pero donde no resaltamos como localidad. Sí existe hace tiempo una oferta inducida, esto es producto de la superposición de dos estructuras: se hace mucho hincapié en el entramado del comercio minorista y doméstico de drogas y no en el andamiaje que exporta estos productos al mercado internacional usando los puertos de Rosario y la zona. Como bien lo explican Lascano y De los Santos en sus dos libros, Los Monos y Rosario, el armado de la ruta trasnacional fue pagando saldos con mercadería y eso se vuelca en la calle. Ambos mundos se tocan pero no son iguales y es una obviedad decir que sin ser la ruta de salida del continente no estaríamos como estamos. Habría que indagar si en ese punto donde se tocan el narcomenudeo y el narcotráfico hay convivencia pacífica o, si por el contrario, se están dando alguna disputa.
A modo de resumen, algunas acciones que se podrían tomar desde el ámbito municipal para hacer algo en materia de seguridad pública, siempre con la idea de aumentar las capacidades institucionales del estado local:
Seguir las armas y las balas: hay o debería estar funcionando en la Municipalidad de Rosario un sistema digital de trazabilidad de armamento y municiones que permitan tener certeza de la frontera entre la tenencia legal y la ilegal, pudiendo encontrar rápidamente a los que cruzan esa línea por acción y omisión. Dos de los últimos cuatro asesinatos fueron con balas policiales, eso merece un análisis aparte.
Momento “ustedes son muy jóvenes pero”: Héctor “tigre” Cavallero en su última incursión como concejal trabajó sobre el control de precursores químicos, las sustancias que se usan para cortar y estirar drogas. Otro hilo para tirar donde ya hay trabajo realizado.
Ahora, meterse con la plata empioja el asunto.
Vuelvo con otra pregunta ¿hay más cuevas en Rosario para lavar guita que en la city porteña? Cualquiera que haya caminado por la calle Florida en la capital sabe que no. Lo que hay acá es una plaza financiera que permite pasar el elefante por entre otros elefantes. Se volvió común decir que hay que ir por el camino del dinero y señalar torres altas y blancas en Puerto Norte. Los grandes responsables del narcotráfico no hacen lo que hacen para tener algunos departamentos con vista al río, el grueso va para otro lado. Pasa de negro a blanco y se mete en el sistema junto con plata que viene de otros delitos financieros y fiscales.
Más que preguntarnos qué hacer y esperar grandes soluciones, hay que empezar a exigir que todos hagan sus quehaceres. Cosas chicas, cotidianas. Nada del otro mundo. Empezar a decir “narcoterrorismo” no va a cambiar nada.
Por hoy, estamos.
Si tenés más tiempo, te recomiento esta nota sobre el debate de la coparticipación entre Nación y las provincias, desde una mirada santafesina y con una perspectiva histórica. (Para gambetear las restricciones de acceso te aconsejo que le sumes WikiBlock a las extensiones de tu buscador).
Distendemos con música para terminar. En dos en la ciudad voy a estar compartiendo siempre música de rosarinos y rosarinas. En el #0 vamos con la vuelta de Sikarios, power trío de acá:



