la procesión #20
Va por dentro.
Es un momento crítico para el nacionalismo popular. Si toda la maquinaria político-mediática-judicial está desde el 2008 al servicio de ponerle fin al proceso denominado “kirchnerismo”, finalmente encontró un kamikaze que lo implosionó desde adentro. No porque Alberto Fernández fuera un representante del kirchnerismo, sino porque se utilizó el campo de ideas que representa éste para polarizar con el diluído gobierno de Macri y hacerlo llegar a la presidencia, con ya no importa qué cálculo de poder. Se pone el acento ahora en la capacidad del conductor o la conductora para designar un candidato y darle volumen para ganar (Cristina en este caso pero ella misma mencionó en una entrevista por streaming que Perón dejó a Isabel), cuando en realidad esa es una atribución totalmente conquistada. Es decir, gran parte de los integrantes del extinto FdT no le darían, ni se la hubiesen dado nunca, la posibilidad a Cristina de dedear candidatos. Se lo ganó con capacidad electoral y cualquiera es libre de arrebatárselo cuando pueda. El que puede, puede, y el que no puede, soporta, dice un texto de filosofía contemporánea.
De más está decir que cualquier acto de violencia de género es repudiable y más si se ejerció desde la primera magistratura. Además de la condena judicial y social, si se comprueban las acusaciones, Alberto ya es merecedor de la condena política del sector de la población que lo llevó a ser presidente en nombre de un movimiento que promueve la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación. Una misión que no permite descanso, por la cual muchos argentinos y muchas argentinas, desde el lugar que les tocó, dieron la vida.
Ahora, la pregunta que en realidad debemos hacernos quienes trabajamos con la justicia social como horizonte y nos filiamos a una tradición nacional de pensamiento es ¿vale cualquier cosa con tal de estar en el poder? Responder no significa proponer un peronismo alternativista, sin vocación de poder, que acepte las condiciones dadas. Todo lo contrario, si hay algo que caracteriza la historia del movimiento popular más grande de occidente es que es ejemplo de gobierno y ejemplo de resistencia. El problema es que están los que se enamoran de una parte y no quieren estar en la otra.
Entonces, parte del peronismo piensa que sí, que hay que hacer cualquier cosa por estar en el poder. Enamorados del Estado e imposibilitados de verse en el llano, muchos que se identifican con las ideas de Juan Perón están hoy al servicio del gobierno libertario como algunos lo estuvieron al de Menem. No importa, todos son peronistas que están solos y esperan al conductor. No hay que rasgarse las vestiduras.
Citada hasta el paroxismo, la frase de Perón sobre el tiempo y la sangre demuestra que el conductor tiene la potestad de delimitar cuándo es una etapa de gestión para el movimiento nacional y cuándo una de resistencia, y es taxativo. El híbrido que se produjo en la gestión de Alberto y Cristina solamente fue útil para las cajas de las organizaciones que ni así quedaron preparadas para la etapa de resistencia que llegó con Milei. No hay argumento republicano, del realismo político ni del realismo mágico que fundamente los cuatro años que terminaron con trabajadores asalariados, registrados y bajo convenio colectivo debajo de la línea de pobreza.
En “Relato de un utilero”, Roberto Fontanarrosa cuenta la historia de un jugador al cual se le amputa la pierna en el entretiempo para que siga jugando sin arrastrar una lesión. En “Semblanzas deportivas”, Germinal Aristóbulo Terrakius (Miguel Franchi) retoma el cuento y le agrega un remate donde el jugador reconoce ante la prensa después del partido haber bajado el rendimiento en el segundo tiempo. Así estamos nosotros: justificando que jugamos un mal segundo tiempo con una pierna menos, interiorizando la culpa de la decisión inédita de un desgobierno.
Actualmente estamos indubitablemente en una etapa de resistencia. No hay cálculo posible que le de amparo al “¿y si sale bien?” porque el programa es terminar con lo que queda de la arquitectura legal que los tres gobiernos de Perón legaron en materia de derechos laborales. Cualquier otra cosa que digan, es cuento. El que diga representar al peronismo y proponga fomentar el desarrollo quitando derechos laborales, ese es el traidor diría Vito Corleone. Ahora que está muy en boga el turismo industrial, como hace unos años atrás el turismo barrial, porque la militancia también tiene modas.
Y en resistencia se destaca el que más se opone. No sirve el ensimismamiento ni la autocrítica. La procesión va por dentro, lo que implica además del obvio trabajo de reflexión, caminar y proceder. Caminar junto a otros.
Para no desvirtuar totalmente el boletín, cerremos con algo de la política rosarina que nos quedó afuera del posteo sobre autonomía.
La reforma de la constitución y de la ley orgánica de comunas y municipios traerá una interesante discusión para evitar lo que sucederá durante los próximos tres años: la creación de la Vice-Intendencia. En la actualidad, a través de un acuerdo político de mayorías se colocan tres concejales en los roles de presidente del CMR, vice primero y vice segundo. La condición unicameral del legislativo local hace que ese concejal, algunas veces no es ni el más votado, ungido como presidente (Presidenta en este momento) tenga una disponibilidad de recursos políticos, administrativos y económicos que no tienen los demás.
María Eugenia Schmuck se lanzó en una carrera larga hacia la sucesión de Pablo Javkin en el Palacio de los Leones, apalancada en esa fuente inagotable de herramientas. Es común verla llegar a la Presidenta con merchandising del Concejo a actividades oficiales, al que otros ediles no tienen acceso, como también gestionando viajes al cine y otros eventos. Si en 2027 la boleta única para el ejecutivo rosarino tiene la categoría de viceintendente/a, la conducción del CMR será un resorte más del intendente y no una herramienta para promocionar candidatos.


