heterotopía #29

En su desarrollo, la sociedad moderna fue avanzando hacia la normativización, la estandarización y la serialización de todos los ámbitos de la vida, en un movimiento centrípeto que, limando la diversidad inherente al ser humano, caracterizó los modelos clásicos de las ciudades del siglo XX y las formas de vivir dentro de ellas. En ese contexto, el filósofo francés Henri Lefebvre publica Le Droit à la ville (El derecho a la ciudad, 1968) con un criterio de disputa a la forma de producción urbana del capitalismo. El trabajo de Lefebvre es retomado por David Harvey en 2012, en un contexto totalmente diferente, cuando el inglés hace circular Ciudades rebeldes, cuyo subtítulo propone hacer un pasaje del “derecho a la ciudad” a la “revolución urbana”. Dice Harvey sobre el corpus teórico de Lefebvre:
En La Revolution urbaine (1970) mantuvo Ia idea de Ia heterotopía (prácticas urbanas) en tensión con (más que como altenativa a) la isotopía (el orden espacial cumplido y racionalizado del capitalismo y el estado), así como con Ia utopía como deseo expresivo.
Más de 40 años después, le carga al concepto de “derechos a la ciudad” el peso de un “romanticismo revolucionario urbano” que, en lugar de adaptarse a la contemporaneidad, trata de restituir el ida y vuelta propio de la tensión entre sectores de la sociedad y no plantear una reconstitución de base y en base a la verdadera heteronomía. Hoy, los movimientos dentro de las comunidades urbanas son centrífugos, producto de la hiperfragmentación y la customización, exponiendo un sin número de formas de vivir las ciudades. A la posibilidad de sacarle provecho a ese potencial, Harvey le llama heterotopía. La dificultad es evidente: si en el esquema lefebvriano del derecho a la ciudad, la forma de producir una transformación era a través de la acción colectiva, un proceso mancomunado contra el orden vigente, en la propuesta harveyana se vuelve compleja la confluencia.
Particularmente en Rosario, se puede ver con claridad la impugnación del modelo de ciudad que rige desde hace más de 30 años pero la dificultad de confluenciar obtura la consagración de las alternativas. Más cuando no hay un modelo alterno concreto sino esbozos sustentados en oponerse a cómo funcionan las cosas en la actualidad. Pero la característica más alarmante de los días que corren es la falta de debate e institucionalidad que esgrime el oficialismo local, que pretende gobernar de emergencia en emergencia. Les proponemos hacer un scroll sobre distintas posturas de varias figuras de la oposición en diversos temas que se trataron últimamente, todas con un hilo en común: la imposibilidad de integrar otras miradas en el rumbo de Rosario por parte del intendente Javkin. Ver cada uno de los videos es un esfuerzo que vale la pena.
Fernanda Gigliani, bloque Iniciativa Popular:
Los convenios entre empresas desarrolladoras y el municipio para establecer las compensaciones vienen flojos de papeles y no se someten a la revisión de la oposición.
Norma López, bloque Justicia Social:
Los mensajes del ejecutivo siempre atienden al pedido de maximización del rendimiento de las inversiones de urbanización sin discutir la función de la vivienda.
Julia Irigiotia, bloque Justicialista:
La factibilidad de servicios, que fue recientemente desobligada por el intendente, venía siendo negativa en el caso de Aguas Santafesinas S.A. para nuevos desarrollos.
Mariano Romero, bloque Justicia Social:
Las propuestas de la oposición son rechazadas y cuando votan en contra de los expedientes son acusados de obstaculizar o “tener miedo a las inversiones”, como dijo la voz de Javkin en el Concejo, Fabricio Fiatti.
Juan Monteverde, bloque Ciudad Futura:
Fondo y forma, contenido y continente, con las mismas limitaciones.
Una yapa de la ofi-oposición, Alicia Pino del bloque Socialista, ante la mirada esquiva de Fiatti:
La concejala socialista pone sobre la mesa el problema de la vivienda ociosa, que parece estar fuera de toda ecuación economicista del oficialismo.
Es contundente la polifonía que expresa su discenso con el modelo de ciudad y la falta de voces (elegidas de forma popular y democrática) que defiendan, fundamenten y banquen el curso de las cosas. Los intereses que sustentan esta marcha están representados en algunos concejales, como Agapito Blanco o Manuel Sciutto, siendo explícita su presencia en el tratamiento de los expedientes donde se juega el destino de importantes fondos, pero siempre de espaldas a la sociedad rosarina.
El filón que se abre con la decisión de celebrar el tricentenario otorga la chance de discutir para dónde queremos ir como ciudad, como ciudadanos y ciudadanas y como ciudadanía. Harvey nos dice que el derecho a ciudades heterotópicas es el más precioso pero más descuidado de nuestros derechos humanos:
(…)la cuestión de qué tipo de ciudad queremos no puede separarse del tipo de personas que queremos ser, el tipo de relaciones sociales que pretendemos, las relaciones con la naturaleza que apreciamos, el estilo de vida que deseamos y los valores estéticos que respetamos. El derecho a la ciudad es por tanto mucho más que un derecho de acceso individual o colectivo a los recursos que ésta almacena o protege; es un derecho a cambiar y reinventar la ciudad de acuerdo con nuestros deseos. Es, además, un derecho más colectivo que individual, ya que la reinvención de la ciudad depende inevitablemente del ejercicio de un poder colectivo sobre el proceso de urbanización. La libertad para hacer y rehacernos a nosotros mismos y a nuestras ciudades es(…) uno de los más preciosos pero más descuidados de nuestros derechos humanos.
Hagámoslo valer.
