el programa #5
Lo nacional visto por nosotros.
Arturo Jauretche decía que “lo nacional no es lo xenófobo, lo nacional es lo universal visto por nosotros”. Tomando prestado su método el localismo no es algo sectario o un particularismo sino lo nacional visto por nosotros, desde acá. Por eso, se pueden sumar algunas líneas a la discusión que no sean solamente un pliego de demandas o soluciones que se necesitan para Rosario, siguiendo el planteo de “hacemos nuestra parte” hasta este punto y después todo lo que falta tiene que venir de arriba. Tampoco una balanza de cuánto aporta la ciudad y cuánto llega de retorno, debate también vigente mediante la posibilidad de un nuevo pacto fiscal y el replanteo de la coparticipación. En definitiva, como siempre se dijo: no hay proyecto local sin proyecto nacional, pero eso no es igual a relegar los intereses de la ciudad por un “bien mayor”.
La ofensiva del gobierno libetario nos niega el tiempo de madurar y sacar las conclusiones necesarias del proceso kirchnerista, para desde ahí generar algo superador. Me interesan dos discusiones que se dieron en sobre la marcha: la primera, el clivaje entre programa y performación. Cuando el proyecto político encabezado por Néstor y Cristina Kirchner encontró un techo en su programa material con el conflicto de la 125, recurrió al programa simbólico que hoy es tildado de “agenda progresista”. El error de cálculo para dar esa pelea, que fue un parte aguas (se quebraban lanzas y se traspasaba el punto de no retorno o se reencauzaba la institucionalidad) introdujo una econometría de la política que dejó de lado la urgencia de ciertas necesidades. “Tierra, techo y trabajo” es una buena síntesis y una red flag de “le hace el juego a la derecha” o “nos quiere correr por izquierda”. En definitiva, se priorizó un armado de actores para llevar adelante políticas solamente posibles desde esa estructura contingente: la hoja de ruta era performática, se hace lo que se puede con lo que se tiene. Esto no le quita ningún centímetro de legitimidad a los derechos consagrados en esa etapa, es un estado de la cuestión.
Después de 15 años el programa vuelve al centro de la escena. De cara al paro general del 9 de mayo la CGT presentó una agenda programática. Podés leerla acá. Se le viene reclamando al movimiento obrero que recupere la tradición de los programas de la Falda y Huerta Grande y se erija como un actor que haga algo más que paritarias y negociar con el gobierno de turno. Nuevamente, que sea un actor capaz de plantear un programa.
Si el grueso de las reformas estructurales del primer peronismo, Perón las realizó desde la Secretaría de Trabajo y Previsión Social y sobre un cuerpo de ideas que se venía gestando desde comienzos de siglo, hoy puede pasar algo similar. ¿Falta el programa, la articulación para llevarlo adelante o la decisión política de retocar las vacas sagradas de la estatalidad peronista? Ahora hay que proteger lo que no nos animamos a salvar: la reforma laboral con la reducción de las jornadas y las nuevas modalidades híbridas y/o virtuales, la sustentabilidad del sistema previsional para equilibrar la relación entre activos y pasivos, regular las nuevas realidades que provienen del impacto de las TICs y el salario básico universal.
La segunda es el rol de las organizaciones intermedias. Con la revitalización de la política florecieron mil flores, no sólo en la constelación peronista. El paraguas cubrió muchos más que la tropa propia y por eso el sentimiento de orfandad de esta etapa alcanza más lejos de quienes se sentían conducidos por Cristina Fernández de Kirchner. En el manual, a todo proceso político le llega el momento de su síntesis. “El puño en el colchón”, según la hipótesis setentista que preservó Marcelo Koenig, por el cual todas las bolitas dispersadas en la superficie confluyen donde se hunde la fuerza del golpe. Perón unificó a todo el espectro nacional en el Partido Laborista contra Braden. Hugo Chávez homogeneizó a sus seguidores en el PSUV con la reforma constitucional como prenda. La etapa “Unidos y Organizados” fue catastrófica porque iba contra la evidente microfragmentación que se vive en las sociedades de la información y la comunicación. Pero hasta como gesto político no resiste análisis. Ni hablar de lo mal que envejeció la consigna “el candidato es el proyecto”. Las organizaciones libres del pueblo tienen un rol fundamental para la elaboración de las demandas y su diversidad es intrínseca al momento que vivimos. De nada sirve intentar amalgamar sus trayectos y menos aún tratar de estatalizar sus construcciones comunitarias. La clave está en expandir la noción de lo público-no estatal.
En la web de El Ciudadano lograron un excelente contrapunto sobre dos formas diferentes de entender la democracia municipal. Las protagonistas fueron las concejalas María Eugenia Schmuck y Fernanda Gigliani.
Hemos construido una metodología de laburo para buscar siempre la unanimidad como objetivo. A veces se da, otras no, pero cuando lo ponés como objetivo, escuchás a todas las partes, nadie siente que no ha sido advertido de los temas que se van a discutir, se les da a todos la oportunidad de plantear su mirada y su proyecto, incluso en los proyectos del Ejecutivo que sometemos a debate y a modificación, y tenemos mucha libertad para eso. A pesar de que tengamos mayoría propia, que no obligaría a esta metodología, nos hemos propuesto -y así lo estamos haciendo- que cada uno de los temas se trabajen colectivamente porque siempre que uno escucha al que piensa distinto es más y mejor política pública.
Yo vengo bastante descreída, por lo menos de la institución Concejo. Y vengo dando discusiones hacia adentro, donde la sensación es que los concejales cada vez delegan más potestades que nos son propias por la Ley Orgánica de municipios. Ya no definimos tarifa de colectivos. Cada proyecto que nosotros planteamos ahora lo plantean en términos de factibilidad. Nosotros ya no le podemos encomendar nada al intendente, sino que todo amerita un estudio de factibilidad.
(…) Y encima todo se da en un contexto donde el actual intendente tiene mayoría automática, con lo cual hay un montón de discusiones, que si esa mayoría automática no está de acuerdo en darlas, ni siquiera se dan. Es decir, se sigue vaciando de contenido a la institución Concejo Municipal. Yo que ingresé en diciembre del 2011, que pase por varias composiciones, fui viendo ese proceso de degradación.
(…) Pero si yo que soy concejal no puedo pedirle al intendente que arregle un bache, que puede causar un siniestro vial grave, ¿para qué estoy? Que es un poco la pregunta que me hago, te diría, cotidianamente.
Es interesante repensar también el Concejo Municipal en el contexto de la crisis de representación y no por quitarle legitimidad a los/as ediles. Más bien para adaptar una institución de la democracia que tiene posibilidades concretas de funcionar con metodologías de cercanía. No se trata de sesionar en los barrios o de ir a escuchar las demandas de vecinos, sino imponer un funcionamiento que canalice la participación y la acción, a través de concejales por áreas (¿por qué tiene que saber y opinar de todo?) y consejeros por distritos que articulen con las tareas legislativas. Solo ejemplos.
Al margen: la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) inauguró en Curitiba, Brasil, un stand permanente para mostrar productos exportables de la industria pequeña y mediana nacional, aprovechando la fortaleza del mercado interno del país vecino presidido por Lula da Silva. Desde allí, la comitiva argentina se trajo una preocupación tras el anuncio de una obra de infraestructura ferroviaria que le daría más competitividad al sur brasileño en detrimento de la hidrovía del Paraná.
El tramo Nova Ferroeste, que conecta dos trayectos ya existentes, extiende la salida por el atlántico de la producción de Brasil y aparece como una oferta tentadora para Paraguay y Bolivia. La terminal del recorrido es el puerto de Paranaguá, que desde hace algunos años viene siendo mencionado en informes como la nueva salida del narcotráfico internacional de cocaína. En el número #0 de dos/en/la/ciudad hicimos mención al desarrollo de rutas alternativas de tráfico internacional de droga y cómo eso puede impactar en los dos entramados delictivos que cohabitan en Rosario. Sin dejar de lado el trabajo local que hay que realizar, alguna ayuda exógena no vendría mal.
Hasta la semana que viene. Nos vamos escuchando Jimmy Club con El día después:


